Semáforo 34
CATECISMO, CATECISMO
"Hay que volver al catecismo, el libro por excelencia, que tiene una verdad, un consejo, una enseñanza para todos."
San José Marello
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En 1884, en la iglesia de Santa Chiara, reabierta al culto, el Can. Marello quiso intentar una iniciativa revolucionaria, para esos tiempos y para Asti: el catecismo nocturno para obreros durante la Cuaresma.
Otros más prudentes, claramente opinaron en contra, sería una novedad que corría el riesgo de terminar en ser el chiste del año en la ciudad.
Pero él quiso intentar. Así, durante la Cuaresma organizó el catecismo, turno de la noche, para los obreros de la ciudad.
Entre los que daban clases estaba el Marello y algunos de los Hermanos, los más capacitados. No se hacía ilusiones sobre una participación en masa.
En realidad la concurrencia fue más de lo esperado, y tuvo que dividirlos en varios grupos y buscar otros voluntarios para la enseñanza.
- Habían jóvenes, dice el Hno. Navone, que tenían más de veinte años y ni siguiera sbaía persignarse ni decir el padre nuestro.
Terminó el curso de catecismo con la Comunión general: a cada uno de ellos el Padre le dio un pequeño regalo como recuerdo.
La satisfacción más grande fue la de haber probado que se podía hacer y que la gente de Asti no era tan mala como se decía.
Ese caso excepcional del catecismo fue el germen de un apostolado al que se dedicarían más tarde los Oblatos.
El Can. Marello estaba convencido de que la causa de todos los males morales y sociales era la ignorancia religiosa a la que había de derrotar con una buena dosis de catecismo.
Y Dios sabe que él tenía razón. Demasiadas veces la religiosidad popular no tiene bases sólidas en una fe consciente y clara. Eso lleva a una fácil forma de ateísmo.
Cuando el Can. Marello fue Obispo de Acqui envió a sus fieles dos cartas pastorales particulares: la primera de 1892 sobre la instrucción y educación religiosa de la juventud y en 1894 sobre el Catecismo.
